viernes, abril 17, 2009

Espiral

Caminaba con un andar ligero entre la muchedumbre; la vista fija en un momento sempiterno frente a ella. Nadie la notó, yo no lo habría hecho tampoco a no ser porque pasó rozando mi manga. La verdad es que no llamaba la atención y, sin embargo, bastaba con detener la vista dos veces para cambiar de opinión.
Menuda y canosa pero de edad incalculable; la mujer llevaba calcetas de distintos tonos de gris hasta distintas alturas de las rodillas. Aquello que buscaba parecía escapársele a penas; llevaba puesto el mismo gesto del hombre que llega tarde a una entrevista de trabajo y no se le permite la entrada. Perdida en su propia búsqueda, entumida dentro de las tres capas de sweater, deshace su andar. Curva las cejas en posición de comilla dando señales de arrugas verticales. Una cara de cartón mojado, en lidia secreta, entre el instante y la fuga.
Su mano aprieta, encierra, algo que parece una revista. Parece haberla estrujado por tanto tiempo que olvidó su existencia. Sus manos no disimulan la artritis y la curva de su espalda que termina en el gancho de la nuca, recupera la espiral que ahora ella encuentra. Regresa. Va. Regresa. No se da cuenta que avanza. Se pierde.