domingo, diciembre 13, 2009

conversar

Quien dice que le gusta escribir asume el compromiso de siempre tener algo que comunicar ¿o no? La pregunta se vuelve importante considerando recientes cuestionamientos sobre la necesidad de innovar o bien la exigencia de "llegar a algo" cada vez que uno se lanza a "experimentar". ¿Qué pasa si no pasa nada? aun así ¿tendríamos que considerar significativo al intento?
Si bien todo comienza por un inento, la palabra, la frase, el párrafo y finalmente el capítulo están proyectados hacia una estructura mayor. Empezar a conversar (realmente a conversar) sin aparente dirección lleva también implícito el trayecto de una duda. Es que pregunarse no deja de ser significativo, sin embargo, cada pregunta debe estar más próxima al todo (de esa inacequible realidad afuera de la caverna). De pronto uno nota conformidad con algo que en ocasiones ni siquiera tiene que nombrarse; esas raras ocasiones en las que las conversaciones devuelven una verdad que es sólo para uno y que es imposible de compartir, parecen estar convirtiéndose en la nueva metodología de una generación que ya no confía en lo escrito.